Leticia Martín Enjuto, psicóloga, sobre Felipe y Leonor: “Los hijos necesitan encontrar su propio camino, aunque ello suponga alejarse de aquello que durante mucho tiempo representó a sus padres”

Este verano se ha confirmado que la princesa Leonor ha roto con la tradición que tantas alegrías da al rey Felipe

ada verano se repite la misma pregunta: ¿Seguirá Leonor los pasos de su padre y su abuelo en el Campeonato de vela de Palma? La respuesta parece evidente… Durante años se convirtió en tradición que todos los miembros de la Familia Real dieran clases de vela. Ocurrió con Froilán, también con Juan y Pablo Urdangarin, incluso Victoria Federica pasó un verano aprendiendo las normas de la mar. Sin embargo, cuando llegó el turno de Leonor y Sofía ni rastro.

Una de las imágenes más repetidas de los veranos de la Familia Real en Mallorca era en el Real Club Náutico de Palma. Doña Letizia y sus hijas acudían a visitar a don Felipe y sus compañeros antes de la competición. Una estampa familiar que también terminó con su posado en 2021.
Leonor rompe con la tradición
Hace justo un año, tras concluir su formación militar en el Ejército de Mar a bordo del buque escuela Juan Sebastián Elcano, se habló de la posibilidad de ver a padre e hija juntos en una embarcación. No pasó. En lugar de eso, Leonor acompañó a su padre al Club Náutico y aprovechó para saludar a algunos de sus compañeros, pero no existió intención alguna de mostrar su destreza naval. Cuando don Felipe se dispuso a poner rumbo a alta mar, la joven abandonó el barco.
Ahora sí, parece que don Felipe ha perdido la esperanza de que alguna de sus hijas siga sus pasos en lo que a la vela se refiere. La decisión de Leonor y Sofía parece clara y a su padre no le queda otra que aceptarlo con resignación.
Para entender la tesitura emocional en la que se ha encontrado don Felipe en relación a esta situación, hemos hablado con la psicóloga Leticia Martín Enjuto. La especialista reconoce que “cada familia construye a lo largo de los años tradiciones que acaban formando parte de su identidad”. Y eso es lo que, de alguna manera, ha pasado con los Borbón y la vela. No obstante, cuando la nueva generación decide no continuar “pueden aparecer emociones muy diversas” que hay que aprender a gestionar.

La psicóloga habla de un proceso natural entre padre e hijos. “Los hijos necesitan encontrar su propio camino, aunque ello suponga alejarse de aquello que durante mucho tiempo representó a sus padres”, nos explica. Y es que si de manera habitual esto ocurre, al tratarse de una tradición real tan arraigadas la decisión se vuelve más complicada si cabe.

La pasión del rey Felipe por el mundo de la vela: de la ilusión a la nostalgia
La relación del rey Felipe con el mundo de la vela ha sido una constante durante gran parte de su vida. Heredado de su padre, quien todavía hoy sigue ocupando un lugar protagonista en la embarcación, el monarca no falla a su cita anual en el Real Club Náutico de Palma.
Leticia Martín Enjuto quiere recalcar que, más allá del componente deportivo, “esta afición representa vivencias personales, recuerdos familiares y una parte significativa de su propia historia”. “Si finalmente esta tradición no continúa con Leonor, es lógico pensar que pueda experimentar cierta nostalgia, pero eso no significa necesariamente sentirse decepcionado, sino aceptar que el tiempo también transforma las costumbres familiares”, ha querido aclarar.

En su análisis, la psicóloga expone que es inevitable que muchos padres imaginen a sus hijos haciendo lo que ellos hacían a su edad. “No se trata de una imposición consciente, sino del deseo de prolongar una parte de sí mismos a través de quienes más quieren”, nos cuenta. Y cuando esa continuidad no se produce, es habitual que necesiten “un proceso de adaptación emocional para despedirse de esa expectativa que construyó con el paso del tiempo”.
Al mismo tiempo, tenemos que poner sobre la mesa la posición del rey Felipe desde una mirada emocional madura. “Un padre puede sentir cierta tristeza porque una tradición familiar desaparezca y, al mismo tiempo, sentirse orgulloso de que su hija tome decisiones propias”, y eso es algo que don Felipe ha recalcado en infinidad de ocasiones. El profundo orgullo que siente no solo hacia Leonor sino también por Sofía y las mujeres en las que se han convertido.

La psicóloga concluye su reflexión dejando claro que “ambas emociones -el orgullo y la pena- pueden convivir sin resultar contradictorias”. “Aceptar la autonomía de los hijos también implica renunciar a algunas ilusiones personales por especiales que sean”, sentencia.




