“Letizia y sus hijas llegaron puntuales, sonrientes, humildes, con ganas de aprender. Cuando el personal preguntó la duración de la visita, la repuesta fue clara, todo el que hiciera falta”

Además de la tradicional recepción en Marivent, las hijas de la reina Letizia visitaron por sorpresa una fundación que apoya a personas con discapacidad intelectual y trastornos del desarrollo

El miércoles pasado se recibió una llamada importante en la Fundación Esment, que emocionó a sus trabajadores y también a su presidenta, Montserrat Fuster. El interlocutor les comunicó que a la reina le gustaría ir de visita ese mismo jueves con sus hijas, si ellos no tenían inconveniente. Y la presidenta y los trabajadores se emocionaron por lo que este encuentro tenía de reconocimiento a su trabajo ejemplar y abnegado.

Esta entidad fue puesta en marcha por un grupo de familias con algún miembro discapacitado intelectual en 1962, cuando tan difícil era integrarlos en la sociedad, y hoy día se ha convertido en un centro ocupacional y de enseñanza, también para personas con trastorno del desarrollo. Los valores de la entidad, inclusividad y derechos humanos, se han ido adaptando a la sociedad actual. Es decir, el tipo de causas que la reina prefiere promocionar.
Letizia y sus hijas llegaron puntuales, sonrientes, humildes, con ganas de aprender. Cuando el personal preguntó la duración de la visita, la respuesta fue clara, todo el que hiciera falta para poder empaparse de la gran labor que realizan.
Con atención e interés
Cuando se les advirtió que, al ser verano, los talleres funcionaban al ralentí, la reina contestó inmediatamente que no importaba, que lo que querían era hacerse una idea de sus métodos, que sus hijas lo vieran –ella siempre dice “mis hijas” en lugar del protocolario y frío “la princesa de Asturias y la infanta” de tiempos pasados– y poder ayudar de alguna manera.

La forma de ayudar de una reina es dando visibilidad a causas, que, sin ella, estarían olvidadas, como la lucha contra la leucodistrofia, los cuidados paliativos y las enfermedades raras. Pero es la salud mental el eje de su lucha, por lo que ha sido nombrada defensora de la salud mental de niños y adolescentes por la Unicef, por haber dado a conocer problemas de los que hasta ahora no se hablaba. Y en esta ocasión no iba a ser menos, pese a que la prensa no había sido alertada y tan solo acompañaban a la pequeña comitiva los gráficos de Casa Real.
Así la reina y sus hijas pudieron estar distendidas y naturales, sin la rigidez que suele imponer el escrutinio constante que representa tener decenas de cámaras apuntándoles. Leonor y Sofía escuchaban y su madre preguntaba sin cesar, no solo porque le interesaba, sino para que sus hijas aprendieran lo que se espera de un miembro de la familia real, ¡el ejemplo es la mejor escuela, como decía María Montessori!

Cuando la presidenta contaba los orígenes de la fundación, cuando el único apoyo para este colectivo eran las familias, Letizia comentaba como para sí misma, “pero si ni siquiera hay hermanos…” “ni nadie”, corroboraba Montserrat Fuster, “aquí viene gente que no tiene a nadie más que a nosotros”. Letizia se movía entre los trabajadores con atención e interés.

“¿Por qué viniste a España?”. “¿Qué material usas?”. “Parece muy difícil”. “¿Te gusta tu tarea?”. Los interpelados, nerviosos, trataban de contestar y era la propia reina la que proponía, para distender el ambiente “¿nos hacemos una selfi?”. Leonor y Sofía comentaban entre ellas y la madre las animaba para que participaran en las conversaciones.
Leonor se admiraba de los resultados de algún trabajo, “qué bonito” y las hermanas no dejaban de dar las gracias y de felicitar al personal, sobre todo de la imprenta, por sus resultados. Letizia iba sin maquillar, con una blusilla de Zara, y no parecía tener ni un año más que sus dos hijas. Que, por cierto, estaban mucho más monas que cuando van arregladas de gran fiesta…




