María José Gómez y Verdú, experta en protocolo: “Es fácil pensar que la agenda de Felipe VI responde a una sucesión de invitaciones y decisiones personales. La realidad es bastante más compleja”

SEMANA habla con María José Gómez y Verdú, experta en protocolo y etiqueta, para desgranar la maquinaria discreta que hace posible la agenda del Rey

En 2025, Felipe VI cumplió con 192 días de actividad oficial, convirtiéndose en el miembro de la realeza europea que asumió un mayor número de jornadas de trabajo. Tras el parón estival, el monarca retoma su agenda este viernes, 4 de septiembre, en Toledo. Pero, ¿cómo se organiza esa intensa actividad pública? SEMANA habla con María José Gómez y Verdú, experta en protocolo y etiqueta, para desgranar esa maquinaria discreta que, entre bambalinas, hace posible cada uno de sus compromisos.
“Cuando vemos al Rey Felipe VI inaugurar un congreso, recibir a un jefe de Estado, viajar al extranjero o presidir una ceremonia, es fácil pensar que su agenda responde simplemente a una sucesión de invitaciones y decisiones personales. La realidad es bastante más compleja”, afirma la experta.

Existe una estructura, perfectamente organizada en la que intervienen distintos criterios, entre ellos, institucionales, profesionales, protocolo y seguridad. En determinados asuntos, también es necesaria la coordinación con el Gobierno y otras instituciones del Estado.
María José Gómez y Verdú: “Los equipos de planificación deben coordinar agendas, compromisos y necesidades operativas. Y, dependiendo del acto, intervienen otras instituciones del Estado”
La primera clave para entender quién decide la agenda del Rey es evitar una simplificación frecuente. “No existe una única persona que, cada mañana, entregue al monarca un calendario decidido unilateralmente. La agenda es el resultado de un proceso de preparación y coordinación desarrollado dentro de la Casa de S.M. el Rey, que depende directamente del Jefe del Estado y tiene como misión asistirle en el ejercicio de sus funciones”, afirma María José Gómez y Verdú.

La experta recuerda que España es una monarquía parlamentaria y la Constitución establece claramente que la dirección de la política interior y exterior corresponde al Gobierno. “Por eso, una cosa es organizar la actividad institucional del Rey y otra muy distinta decidir la política que el Estado debe desarrollar”.
La Casa Real analiza el interés institucional del acto, los compromisos ya adquiridos, la presencia de otras autoridades, el lugar, los desplazamientos, la seguridad y la dimensión informativa del acto. “No todas las invitaciones terminan en la agenda del Rey. Y esa selección es, precisamente, una de las partes más importantes y menos visibles del trabajo”.
Felipe VI debe responder a prioridades institucionales. “Un acto puede ser relevante socialmente y, sin embargo, no requerir la presencia del Jefe del Estado. Otro, aparentemente más discreto, puede tener una importancia constitucional o diplomática que haga necesaria su asistencia”. Una vez que una actividad se ha considerado adecuada, empieza la coordinación.

En este momento entra en juego el protocolo. María José Gómez y Verdú explica que con frecuencia se confunde con una simple cuestión estética o ceremonial. “En realidad, el protocolo es una herramienta de orden institucional. Determina precedencias, recibimientos, tratamientos, posiciones de las autoridades y desarrollo de las ceremonias. Pero, sobre todo, evita que la representación pública de las instituciones se convierta en una improvisación”.

Junto al protocolo aparecen otros equipos esenciales. “La seguridad condiciona desplazamientos, accesos y tiempos. La comunicación estudia la dimensión pública e informativa de cada actividad. Los equipos de planificación deben coordinar agendas, compromisos y necesidades operativas. Y, dependiendo del acto, intervienen otras instituciones del Estado”.
La agenda de Felipe VI y los compromisos de carácter internacional
En los compromisos de carácter internacional, la coordinación adquiere una dimensión especialmente delicada. “El Rey representa a España, pero no dirige la política exterior. Esa responsabilidad corresponde al Gobierno”, recuerda la experta.

Los viajes oficiales y las actividades con una dimensión diplomática requieren una coordinación institucional que permita distinguir claramente entre la función representativa de la Corona y la dirección política que corresponde al Ejecutivo.
“La Casa del Rey no funciona como un Ministerio y el Gobierno no es la oficina encargada de organizar la agenda cotidiana del monarca. Sin embargo, ambas estructuras deben coordinarse cuando las funciones del Rey afectan directamente a la acción institucional del Estado”, asevera.

María José Gómez y Verdú incide en que la clave se encuentra en la separación de funciones. “La Casa del Rey prepara y organiza. El Rey representa y ejerce las funciones que le corresponden. El Gobierno dirige la política del Estado y participa en la coordinación de aquellas actuaciones que, por su naturaleza, requieren intervención gubernamental”.
Para la experta, uno de los aspectos más interesantes de la agenda de Felipe VI es precisamente su carácter colectivo. “Aunque la imagen pública se concentra en una sola persona, detrás existe un sistema profesional en el que cada área cumple una función específica”.
La labor de planificación es estudiar y ordenar los compromisos. Mientras que protocolo convierte una actividad en un acto institucional correctamente organizado. Seguridad debe garantizar que todo se desarrolle en condiciones adecuadas y comunicación gestiona la dimensión pública. “La coordinación con otras instituciones permite integrar la actividad de la Corona en el funcionamiento general del Estado”.

Una maquinaria discreta que engrasa todos los engranajes para que cada acto se desarrolle según lo previsto. “El público ve al Rey llegar a un acto y ocupar su lugar. Lo que no ve son las reuniones previas, la preparación del recorrido, las conversaciones entre instituciones, la revisión del ceremonial, los ajustes de horarios y las decisiones que han hecho posible que todo ocurra en el momento adecuado”.
¿Quién decide entonces la agenda del Rey Felipe VI?
La genda se construye dentro de la estructura de la Casa de S.M. el Rey, bajo la autoridad institucional del monarca y mediante el trabajo de sus equipos de dirección, planificación y coordinación. “Después, cada actividad se adapta a las exigencias de protocolo, seguridad y comunicación y, cuando su naturaleza lo requiere, se coordina con el Gobierno y con otras instituciones del Estado”.

Por último, María José Gómez y Verdú hace hincapié en el equilibrio que requiere este engranaje para funcionar con precisión. “Es una de las claves del trabajo de la Casa del Rey, hacer visible la institución y, al mismo tiempo, mantener invisible la compleja maquinaria que permite que todo funcione”.




