María José Gómez y Verdú, experta en protocolo: “En España, el fallecimiento de un Rey activaría de forma inmediata una compleja maquinaria, pero no existe constancia oficial de una ‘Operación X'”

A diferencia de Reino Unido y Noruega, en España no existe públicamente un protocolo con un nombre en clave como ‘London Bridge’ o ‘Plan K’ para abordar el fallecimiento del Rey

Noruega activó el Plan K tras la muerte del Rey Harald, el pasado 28 de agosto, un complejo dispositivo diseñado para coordinar los detalles relacionados con la despedida del monarca que culminó con su funeral de Estado. Un protocolo similar se puso en marcha en Reino Unido hace cuatro años, con la Operación London Bridge, diseñada para organizar el complejo entramado del fallecimiento de la Reina Isabel II. SEMANA habla con María José Gómez y Verdú, experta en protocolo y etiqueta, para ahondar sobre el caso español.
“En España, el fallecimiento de un Rey activaría de forma inmediata una compleja maquinaria institucional, constitucional, militar y ceremonial”, afirma la experta en protocolo
María José Gómez y Verdú señala que España no dispone, al menos de forma pública, de un protocolo equivalente. “No existe constancia oficial de una ‘Operación X’ o de una denominación similar que haya sido divulgada. Eso no significa, sin embargo, que no exista una planificación previa”.

“En España, el fallecimiento del Rey activaría de forma inmediata una compleja maquinaria institucional, constitucional, militar y ceremonial destinada a garantizar dos cosas al mismo tiempo, la despedida del monarca y la continuidad de la Corona y del Estado”, afirma la experta.
Explica que el primer elemento que diferencia el modelo español de otros sistemas es que la sucesión está determinada por la propia Constitución. “El artículo 57 establece que la Corona es hereditaria y fija el orden sucesorio. Por ello, el fallecimiento del Rey no abre un periodo de incertidumbre sobre quién ocupará el trono”.
Además, recuerda que de producirse un fallecimiento de esta magnitud constituiría el comienzo de una operación institucional sin precedentes. “Las comunicaciones entre la Casa del Rey, el presidente del Gobierno y las principales autoridades del Estado formarían parte de una coordinación que, por razones evidentes de seguridad y organización, no se encuentra publicada con el nivel de detalle de otros protocolos extranjeros”.
Una vez comunicada oficialmente la muerte del monarca, comenzaría la fase pública del dispositivo. “El Estado pondría en marcha las disposiciones de duelo y honras fúnebres previstas para el titular de la Corona. En este punto existe una regulación concreta. El Real Decreto 684/2010, por el que se aprueba el Reglamento de Honores Militares, establece los honores que corresponden al Rey fallecido”.

La experta repara en el papel de las Fuerzas Armadas durante las ceremonias. “Las banderas y estandartes de las unidades militares incorporarían una corbata negra y la bandera de las Fuerzas Armadas se izaría a media asta. También están previstas salvas de artillería. El reglamento establece cinco cañonazos en las plazas donde exista artillería y desde los buques de la Armada que se encuentren fondeados en puertos nacionales”.
El día del entierro, el protocolo militar contempla una salva de 21 cañonazos durante la salida del cortejo y otra en el momento de la inhumación, además de una descarga de fusilería a cargo de la guardia de honor. “La Guardia Real asumiría igualmente una función esencial. El reglamento contempla que esta unidad constituya la guardia de honor ante los restos mortales del monarca y participe en la escolta y en las ceremonias correspondientes”.
Un dispositivo de una importante dimensión internacional con las embajadas españolas asumiendo instrucciones para informar a los gobiernos extranjeros y la llegada de representantes de las distintas Casas Reales, jefes de Estado y autoridades de otros países. “La organización de su llegada, alojamiento, seguridad y participación en las ceremonias formaría parte de uno de los mayores dispositivos protocolarios que puede afrontar un Estado”.
María José Gómez y Verdú: “Una parte de ese dispositivo es pública y puede reconstruirse a través de la legislación”
En Noruega con el reciente fallecimiento del Rey Harald, se ha activado un complejo dispositivo que concluyó con el multitudionario funeral de Estado celebrado en Oslo. María José Gómez y Verdú subraya que uno de los momentos centrales en España también sería la despedida pública del monarca.

“La legislación establece el concepto de cuerpo presente y los correspondientes honores militares, pero no existe publicado un calendario cerrado que permita conocer de antemano dónde se instalaría la capilla ardiente, durante cuánto tiempo permanecería abierta al público o cuál sería exactamente el recorrido del cortejo”. Estos detalles correrán a cargo de la planificación concreta que deberán realizar la Casa del Rey y el Gobierno llegado el momento.
Además, la experta en protocolo pone el foco en una característica fundamental del modelo español. “La sucesión no necesita ser negociada políticamente una vez producido el fallecimiento. El orden sucesorio está determinado constitucionalmente”.

“Una parte de ese dispositivo es pública y puede reconstruirse a través de la legislación. Otra parte permanece necesariamente dentro de la planificación interna de las instituciones y no ha sido difundida”, asevera.
La Operación London Bridge tras la muerte de Isabel II

La Operación London Bridge era el nombre en clave del plan británico que empezó a gestarse en la década de los 60 para organizar la muerte de Isabel II, contemplaba desde el anuncio del fallecimiento hasta su funeral de Estado. “España, en cambio, cuenta con un entramado normativo que permite conocer las grandes líneas del procedimiento sin que necesariamente se conozcan sus códigos internos, horarios, responsables operativos o comunicaciones reservadas”.
La experta subraya que la prioridad del Estado es garantizar que la muerte del titular de la Corona no provoque una interrupción de la normalidad institucional. “El duelo y la continuidad tendrían que avanzar simultáneamente. La Constitución proporciona el marco. El Reglamento de Honores Militares establece buena parte del ceremonial. Las instituciones preparan el resto”.
Insiste en que las principales reglas en España están escritas desde hace décadas. “Lo que permanece fuera del conocimiento público son los detalles operativos de esa gran maquinaria de Estado que, llegado el momento, tendría que convertir uno de los acontecimientos más delicados de la vida institucional en un proceso ordenado, solemne y perfectamente coordinado”. Y pone el foco en el verdadero objetivo de cualquier protocolo de sucesión: garantizar que la continuidad del Estado no se detenga.




