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Revelan la cronología del caso de las hermanas en Malambo: investigan un tercer implicado

La investigación sobre el crimen de dos adolescentes en el municipio de Malambo avanza con nuevos detalles que reconstruyen minuto a minuto lo ocurrido y abren una línea que podría ampliar el número de responsables. Las autoridades ahora no solo se concentran en los capturados, sino también en la posible participación de al menos tres personas más, entre ellas una mujer cuya actuación habría sido clave en el desenlace de la tragedia.

Todo comenzó en la madrugada del martes 17 de febrero.

A las 2:45 a. m., las hermanas Sheridan Sofía, de 17 años, y Kea Nicole, de 14, salieron de su vivienda en Barranquilla tras recibir una invitación a una supuesta fiesta en el municipio vecino. La cita se había organizado a través de redes sociales, principalmente mediante conversaciones en WhatsApp y Facebook, donde los contactos parecían conocidos y confiables.

Lo que parecía un plan adolescente común pronto se transformaría en una trampa cuidadosamente preparada.

Las investigaciones revelaron que los sospechosos no habían contactado a las menores esa misma noche. Según los investigadores, el acercamiento comenzó varios días antes, desde el sábado previo, mediante mensajes constantes, llamadas y videollamadas que buscaban generar cercanía y confianza con las jóvenes.

El objetivo era claro.

Ganarse su confianza para convencerlas de salir de casa.

Cuando las hermanas llegaron a Malambo, las esperaba Juan David Taboada Oliveras, de 19 años, junto con un adolescente conocido como alias “el Menor”. Pero según las autoridades, ellos no estaban solos.

La supuesta fiesta era solo una fachada.

La hipótesis actual indica que en el lugar habría al menos cinco personas involucradas: los dos capturados, dos mujeres y otro hombre que aún no han sido detenidos. Ese detalle ha cambiado la dimensión del caso y ha abierto una nueva línea de investigación.

Entre los nuevos nombres aparece un personaje clave.

Una tercera mujer.

Según fuentes cercanas al proceso, el momento decisivo ocurrió cuando una de las adolescentes dejó su celular sobre una silla durante el encuentro. Fue entonces cuando esta mujer habría tomado el dispositivo para revisarlo sin que las jóvenes lo notaran.

Lo que encontró pudo haber desencadenado la violencia.

De acuerdo con la hipótesis policial, en el teléfono había mensajes que sugerían que las hermanas supuestamente planeaban entregar a los hombres a una estructura criminal rival. La información aún está siendo verificada, pero los investigadores creen que la mujer hizo una señal discreta que alertó al grupo.

Y a partir de ese momento, todo cambió.

La violencia no ocurrió de inmediato para ambas hermanas.

La cronología indica que el 18 de febrero, apenas un día después de su desaparición, una de las jóvenes fue asesinada. Tres días más tarde, el 21 de febrero, la segunda hermana fue asesinada también, lo que prolongó durante días una situación que las autoridades describen como un secuestro con fines de extorsión.

Mientras tanto, la madre de las víctimas, María Noriega Cruz, vivía una pesadilla.

Durante trece días recibió mensajes y videos donde las adolescentes aparecían amenazadas con un arma de fuego. Los criminales exigían inicialmente 50 millones de pesos para liberarlas, cifra que más tarde redujeron a 10 millones en un intento por acelerar el pago.

Pero hay un detalle estremecedor.

Las extorsiones continuaron incluso después de que las jóvenes ya habían sido asesinadas.

El caso dio un giro inesperado el 26 de febrero.

Ese día, Juan David Taboada Oliveras y alias “el Menor” sufrieron un accidente de tránsito mientras realizaban carreras ilegales en motocicleta en el sur de Barranquilla. Ambos fueron trasladados a la clínica Altos de San Vicente para recibir atención médica.

Fue allí donde cometieron el error que los delataría.

Los investigadores del GAULA de la Policía Nacional de Colombia detectaron que el celular de una de las víctimas, que había permanecido apagado desde su desaparición, fue encendido brevemente dentro del hospital.

La señal fue suficiente.

Mediante tecnología de georreferenciación, el equipo policial rastreó el dispositivo directamente hasta la clínica, donde encontraron a los sospechosos con heridas compatibles con el accidente.

Las confesiones comenzaron poco después.

El 2 de marzo, tras la verificación de la madre y las declaraciones obtenidas, las autoridades localizaron los cuerpos de las hermanas en un lote baldío del barrio Maranata, en Malambo. El hallazgo confirmó lo que la familia temía desde hacía días.

Pero la investigación no terminó ahí.

Poco después comenzó a circular en redes sociales un video que supuestamente captaría parte del ataque. En el audio se escuchan voces confusas y frases como “¿Qué hiciste, Juan?” o “Hermano, me van a echar la culpa a mí”.

Ese material podría ser clave.

Según los investigadores, en las imágenes aparecería un hombre apodado “alias el Mono” agrediendo a una de las menores, lo que reforzaría la teoría de que hay más personas involucradas en el crimen.

Por eso las autoridades han ampliado la búsqueda.

La Policía Metropolitana de Barranquilla ofrece una recompensa de 20 millones de pesos por información que permita capturar a la mujer investigada, a alias el Mono y a cualquier otro implicado que aún permanezca prófugo.

Mientras tanto, el proceso judicial avanza.

La Fiscalía programó para el 6 de marzo la audiencia de imputación de cargos contra Juan David Taboada Oliveras por delitos que incluyen secuestro extorsivo y homicidio.

Pero para muchos investigadores, lo más inquietante del caso es la frialdad con la que se planificó el engaño inicial.

Una fiesta.

Una invitación.

Un mensaje en redes.

Y una trampa que terminó en tragedia.

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