“Una sola frase en medio del Carnaval: ‘Pilas que te van a vender’ — El misterio detrás del ases!nato de las hermanas Hernández”

Una frase dicha casi al pasar, en medio del ruido, la música y la multitud de una fiesta de Carnaval. Una advertencia aparentemente insignificante que hoy se ha convertido en el detalle más inquietante de uno de los casos criminales que más ha estremecido a la región Caribe de Colombia.
“Pilas que te van a vender”.
Lo que en ese momento pudo sonar como un comentario casual ahora está en el centro de la investigación sobre la muerte de las hermanas Chiridan y Keila Hernández. Para los investigadores, esa frase podría haber sido el detonante de una tragedia que terminó con la vida de dos jóvenes que nunca regresaron a casa.
La pregunta que persiste es inquietante: ¿fue realmente una advertencia… o una chispa que encendió la violencia?
La desaparición en plena celebración

El caso comenzó el 19 de febrero, cuando la madre de las jóvenes acudió a una estación de policía en Barranquilla para denunciar que sus hijas no habían regresado a casa.
Al principio, la familia pensó que se trataba simplemente de una salida prolongada durante las celebraciones del Carnaval, una de las fiestas más importantes de la región. En esas fechas, es común que los jóvenes pasen largas horas fuera de casa participando en reuniones y fiestas.
Pero la preocupación creció rápidamente.
Poco después, la madre comenzó a recibir mensajes de extorsión desde un número desconocido. En los textos aparecía repetidamente el apodo “Tata”, nombre que posteriormente fue relacionado con Juan David Taboada, un joven de 19 años.
Los mensajes exigían dinero a cambio de la supuesta liberación de las hermanas.
Durante varios días, la familia vivió entre la angustia y la esperanza. Cada mensaje alimentaba la posibilidad de que las jóvenes siguieran con vida.
Sin embargo, según la hipótesis actual de los investigadores, ambas podrían haber sido asesinadas apenas horas después de su desaparición.
Una persecución que cambió la investigación

Tras casi dos semanas de búsqueda, la policía de Barranquilla logró ubicar a los principales sospechosos en un escenario inesperado.
Los investigadores detectaron a Juan David Taboada y a otro menor de edad participando en carreras ilegales de motocicletas en la conocida vía al mar, un punto frecuente para este tipo de actividades nocturnas.
Cuando los agentes intentaron detenerlos, los sospechosos emprendieron la fuga.
Se inició entonces una persecución a gran velocidad que terminó cuando las motocicletas perdieron el control y cayeron al pavimento, dejando a ambos heridos.
Los jóvenes fueron trasladados a la clínica Altos de San Vicente, donde finalmente los agentes ejecutaron la orden de captura.
Según las autoridades, Juan David Taboada intentó engañar a los policías presentando una identificación falsa y asegurando que era menor de edad, con el objetivo de evitar sanciones penales más graves.
Pero la verificación oficial confirmó que tenía 19 años.
El hallazgo que conmocionó a la comunidad

Con las capturas realizadas, los investigadores analizaron la información almacenada en los teléfonos móviles incautados y confrontaron los datos con las declaraciones de uno de los detenidos.
Esa combinación de evidencias condujo a un punto específico.
Las autoridades llegaron a un jardín en el barrio Maranata, en el municipio de Malambo, dentro del área metropolitana de Barranquilla.
Allí encontraron enterrados los cuerpos de Chiridan y Keila Hernández.
El hallazgo provocó conmoción en la comunidad. No solo por la brutalidad del crimen, sino también por los detalles que comenzaron a surgir sobre el posible motivo detrás del asesinato.
La frase que pudo cambiarlo todo
Según la reconstrucción preliminar de los hechos, todo se habría originado durante una fiesta de Carnaval en Malambo.
De acuerdo con algunos testimonios, en esa reunión había personas que tendrían vínculos con la estructura criminal conocida como Los Costeños.
En medio de la fiesta ocurrió un episodio aparentemente trivial.
Una joven que estaba con las hermanas tomó el teléfono de Keila y se lo mostró a uno de los asistentes. Mientras lo hacía, pronunció la frase que ahora es clave en la investigación:
“Pilas que te van a vender.”
Los investigadores creen que esa advertencia fue interpretada como una señal de traición.
Algunos asistentes habrían pensado que los mensajes en el teléfono demostraban que las hermanas estaban colaborando con un grupo rival llamado Los Pepes, entregando información sobre miembros de Los Costeños.
En entornos dominados por la desconfianza y la violencia, una sospecha de traición puede ser suficiente para provocar una reacción letal.
Según la hipótesis de la policía, los sospechosos concluyeron que las jóvenes estaban delatándolos.
De la sospecha a la tragedia
Esa creencia habría desencadenado una reacción violenta.
Los investigadores creen que las hermanas fueron retenidas durante la madrugada del miércoles de ceniza y posteriormente asesinadas.
Sin embargo, el caso aún está lejos de cerrarse.
Las autoridades buscan ahora a la joven que pronunció la advertencia durante la fiesta, ya que consideran que podría tener información clave para esclarecer lo ocurrido.
Además, al menos cuatro personas más habrían estado presentes en la reunión y podrían haber tenido algún grado de participación en el crimen.
Un detalle que provocó indignación
Uno de los aspectos que más ha indignado a la opinión pública es el comportamiento posterior de los sospechosos.
Según las autoridades, los mensajes de extorsión continuaron enviándose durante casi dos semanas después de la desaparición de las hermanas.
Para ese momento, según las hipótesis de la investigación, las víctimas ya habían sido asesinadas.
Las preguntas que aún quedan
Mientras tanto, expertos en análisis digital revisan cuidadosamente los mensajes almacenados en el teléfono de Keila.
Uno de los objetivos principales es determinar si realmente existía algún vínculo entre las hermanas y organizaciones criminales.
Si se demuestra que no había ninguna relación, el caso podría convertirse en un ejemplo extremo de cómo una acusación equivocada o una interpretación errónea puede desencadenar una tragedia irreversible.
Por ahora, Juan David Taboada enfrenta cargos por secuestro extorsivo, aunque los fiscales no descartan ampliar las acusaciones conforme avance la investigación.
Para la familia de las víctimas, la pregunta más dolorosa sigue siendo la misma:
¿por qué ocurrió todo esto?
Para la comunidad, la frase “Pilas que te van a vender” ya no es una simple advertencia.
Hoy se ha convertido en el símbolo de una tragedia, en la que una sola frase pronunciada en medio de una fiesta pudo haber marcado el destino de dos jóvenes que nunca volvieron a casa.




