“No me d!spares más…”: la última súplica de una niña de 14 años y el estremecedor relato en el juicio por el ases!nato de dos hermanas en Colombia
Una súplica desesperada rompió el silencio de la sala del tribunal: “No me dispares más…”.
Pero la voz de la niña de 14 años no fue suficiente para detener al hombre que tenía el arma en sus manos.
Ese momento, revelado durante una reciente audiencia judicial, se ha convertido en uno de los detalles más dolorosos del caso que sacude a Colombia: el asesinato de las hermanas Sheridan Sofía Hernández Noriega (14 años) y Keila Nicole Hernández Noriega (17 años) en el departamento del Atlántico.
Lo que comenzó como una desaparición angustiante terminó revelando una historia marcada por violencia extrema, engaño y un crimen que ha provocado indignación en todo el país.
Dos hermanas desaparecidas

La historia comenzó el 17 de febrero, cuando las dos adolescentes salieron de su vivienda en Barranquilla tras recibir una invitación para reunirse con conocidos.
Para la familia, parecía una salida común.
Pero esa noche las jóvenes desaparecieron sin dejar rastro.
Durante días, los familiares vivieron en una angustia constante. La búsqueda se extendió por barrios, hospitales y redes sociales, mientras las autoridades intentaban reconstruir los movimientos de las jóvenes.
La esperanza de encontrarlas con vida se mantuvo durante casi dos semanas.
Sin embargo, once días después, la tragedia se confirmó.
Los cuerpos de las hermanas fueron encontrados enterrados en un terreno baldío en el municipio de Malambo, en el departamento del Atlántico.
El hallazgo transformó la investigación en un caso de doble homicidio que conmocionó a todo el país.
La confesión que estremeció al tribunal

Durante una audiencia judicial reciente, la Fiscalía General de la Nación reveló detalles de las declaraciones de uno de los implicados.
Según la reconstrucción presentada ante el juez, uno de los agresores sacó a la menor de las hermanas al patio de la vivienda donde se encontraban.
Allí comenzó a interrogarla sobre los jóvenes con los que supuestamente mantenían contacto.
La adolescente explicó que eran simplemente amigos y que algunos de ellos habían inventado historias porque estaban enamorados de ellas.
Pero la respuesta no cambió el destino de la joven.
Según el relato expuesto por la Fiscalía, el agresor sacó un arma y le disparó en la cabeza.
La menor aún estaba con vida.
En medio de la agonía, pidió que no le dispararan otra vez.
Sin embargo, el atacante disparó nuevamente, provocando su muerte.
El relato dejó en silencio a los asistentes en la audiencia y se convirtió en uno de los momentos más impactantes del proceso judicial.
El dolor de la familia

Durante la audiencia, la abogada que representa a la familia de las víctimas no pudo contener las lágrimas.
Ante el juez, pidió que el caso fuera castigado con todo el peso de la ley.
Según explicó, el crimen presenta múltiples agravantes: el secuestro de menores, la violencia ejercida contra ellas y el intento de ocultar el delito enterrando los cuerpos.
“Este no es solo un homicidio”, afirmó la jurista.
“Es un acto de crueldad extrema contra dos niñas”.
Además de solicitar una condena ejemplar, la defensa de la familia pidió que el tribunal ordene medidas de reparación integral, incluyendo apoyo psicológico para los familiares de las víctimas.
Los principales sospechosos
Las investigaciones han señalado a dos personas como principales implicados.
El primero es Juan David Taboada, conocido con el alias “El Tata”. La Fiscalía ha solicitado que permanezca bajo medida de aseguramiento en centro carcelario, argumentando que existen pruebas contundentes que lo vinculan con el crimen.
El segundo implicado es un menor de 17 años, quien está siendo procesado bajo el sistema judicial para adolescentes.
Los fiscales han asegurado que cuentan con un amplio conjunto de pruebas —incluyendo testimonios, registros de comunicaciones y otros elementos técnicos— que sustentan la acusación.
Un caso que sacude a Colombia
El asesinato de las hermanas Hernández Noriega ha provocado una profunda indignación en la sociedad colombiana.
El caso ha abierto nuevamente el debate sobre la violencia contra menores y sobre la forma en que redes criminales pueden involucrar a jóvenes en delitos graves.
Para muchos ciudadanos, el caso representa una tragedia que refleja problemas estructurales más amplios dentro de la sociedad.
Mientras el proceso judicial continúa, la familia de las víctimas mantiene una única exigencia: justicia.
Porque, como han repetido los familiares en varias ocasiones, ninguna sentencia podrá devolverles a sus hijas.
Pero esperan que la verdad salga a la luz y que quienes provocaron esta tragedia respondan ante la ley.




