3 prófugos y una desaparición: quiénes son Delgado, Ramos y Torres | Caso Yulixa

Los pies sin tocar el suelo a las siete de la noche y la red estética demoníaca que manipula a Bogotá
Cuando tres mensajes automáticos con el mismo contenido de tranquilidad fueron enviados desde el celular de Yulixa Consuelo Tolosa, sus familiares no sabían que se trataba de una despedida orquestada por quienes acababan de arrebatarle la vida. Detrás de las puertas cerradas del centro Beauty Láser ML, una peluquera honesta de 52 años entró con el anhelo de mejorar su apariencia, pero lo que recibió fue una sentencia de muerte sin previo aviso. La tragedia ocurrida en el corazón del concurrido barrio Venecia no es solo un caso de negligencia médica común, sino que ha desmantelado una red criminal transnacional oculta bajo la fachada de un centro de belleza, exponiendo vacíos mortales en el sistema de control urbano de Colombia.

A las 8:30 de la mañana del 13 de mayo de 2026, Yulixa Consuelo Tolosa llegó al centro Beauty Láser ML para realizarse un procedimiento de lipólisis láser por un valor de 3 millones de pesos. Hacia el mediodía, esta intervención quirúrgica invasiva se transformó en una pesadilla cuando las amigas que la acompañaban la encontraron con los labios morados, la piel pálida y desvaneciéndose por una insuficiencia respiratoria aguda. En lugar de llamar a una ambulancia para trasladarla a un hospital, los empleados del lugar se limitaron a aflojarle la faja de moldeado de manera superficial para engañar a quienes estaban cerca. El punto máximo de la crueldad ocurrió a las 7:24 de la noche, cuando las cámaras de seguridad externas captaron el momento en que dos hombres vestidos de negro arrastraban el cuerpo completamente inconsciente de Yulixa fuera del establecimiento, con sus pies sin tocar el suelo, antes de subirla a un vehículo Chevrolet Sonic y desaparecer en la oscuridad.

La conmoción del público se transformó rápidamente en indignación cuando la investigación desveló la estructura operativa completamente ilegal de este centro estético. Registrado desde junio de 2024, el establecimiento solo tenía autorización para servicios de corte de cabello y masajes relajantes, careciendo por completo de licencias para realizar cirugías invasivas complejas. Para evadir el control de la ley, los verdaderos dueños de nacionalidad venezolana, quienes no contaban con la documentación legal requerida, contrataron a un ciudadano colombiano llamado Marcelo Andrés Ayashi Montoya para actuar como representante legal temporal. Esta fachada perfecta les permitió recaudar enormes ganancias en efectivo de hasta 330 millones de pesos en pocas semanas de este año 2026, convirtiéndose en una máquina de dinero a costa de la vida de clientes incautos.

Las maniobras para borrar los rastros del crimen reflejan la sofisticación de mentes criminales con una planificación meticulosa. Justo antes de que Yulixa fuera retirada del lugar, María Fernanda Delgado Hernández, una de los tres sospechosos venezolanos con orden de captura, abandonó rápidamente el edificio con maletas llenas de dinero en efectivo y el grabador DVR que contenía los videos de seguridad del establecimiento. Al mismo tiempo, Eduardo David Ramos Ramos, el encargado de realizar la cirugía sin poseer ningún título médico oficial en Colombia, junto con su cómplice Edinson Torres, procedieron a eliminar sus redes sociales, apagar sus teléfonos y desaparecer de sus residencias. Los mensajes de WhatsApp falsificados enviados desde el teléfono de la víctima avisando que ya estaba en casa fueron la última pieza del libreto de fuga de esta alianza criminal.

La desaparición forzada de Yulixa Tolosa también plantea un gran interrogante sobre la inacción y negligencia de las autoridades de salud en Bogotá. Antes de que ocurriera la tragedia, la Secretaría de Salud de la ciudad había intentado inspeccionar el centro Beauty Láser ML en varias ocasiones, pero siempre se les negó la entrada sin que se aplicara ninguna medida de fuerza o clausura inmediata. Esta aparente impotencia institucional permitió que el lugar siguiera promocionándose abiertamente en TikTok e Instagram para captar nuevas víctimas. Mientras los tres sospechosos continúan prófugos de la justicia y el paradero de la mujer sigue siendo un misterio, la sociedad colombiana tiene razones de sobra para cuestionar cuántas trampas mortales similares operan impunemente bajo la tolerancia invisible del sistema de control estatal.


