Familia Real

La Mareta, el palacio real de Lanzarote donde veranea Pedro Sánchez: por qué Felipe VI y Letizia dejaron de ir y cómo es por dentro

La Mareta vuelve a estar en boca de todos este verano. La residencia de Lanzarote vinculada a la Familia Real ha regresado a la actualidad por las vacaciones de Pedro Sánchez (y la polémica política que las rodea), pero su historia va mucho más allá: fue un regalo del rey Hussein de Jordania a Juan Carlos I y, aunque esconde una triste historia, durante años también formó parte de los veranos de Felipe VI y Letizia.

La Mareta (Lanzarote), el otro palacio vacacional de los reyes más allá de Marivent
La Mareta (Lanzarote), el otro palacio vacacional de los reyes más allá de Marivent

Aunque en los últimos días ha reaparecido en titulares por la estancia de Pedro Sánchez (y por las críticas a sus vacaciones), mucho antes de convertirse en escenario de la actualidad política, La Mareta ya era una de las residencias más singulares vinculadas a la Familia Real española. Y es que, lejos de la exposición de otros destinos reales como el Palacio de Marivent de Mallorca, esta vivienda fue durante años uno de los refugios escogidos por la familia de Juan Carlos I y, posteriormente, también por el rey Felipe VI y la reina Letizia.

Pese a que a menudo se habla de ella como un “palacio”, La Mareta es en realidad una residencia de uso institucional ubicada en Costa Teguise (Lanzarote). Su historia está estrechamente vinculada a la Corona española, aunque actualmente forma parte del patrimonio del Estado y ha sido utilizada a lo largo de los años tanto por miembros de la Familia Real como por presidentes del Gobierno y otros invitados oficiales.

Su ubicación contribuye a explicar buena parte de su atractivo veraniego. La residencia se encuentra junto al mar, en un enclave especialmente discreto de Lanzarote, y está concebida como un complejo que permite disfrutar de privacidad lejos de las zonas más concurridas de la isla. Esa combinación de aislamiento, paisaje y seguridad ha hecho que diferentes dirigentes (entre ellos José María Aznar y José Luis Rodríguez Zapatero) hayan elegido La Mareta para pasar algunos días de descanso.

La Mareta, el palacio de Lanzarote ideal para las vacaciones de los reyes
La Mareta, el palacio de Lanzarote ideal para las vacaciones de los reyes / Gtres / LANZ

Felipe VI y Letizia también veranearon en La Mareta

Antes de que Pedro Sánchez convirtiera La Mareta en uno de sus destinos habituales de verano, Felipe VI y Letizia también pasaron allí algunas vacaciones. Durante los primeros años de su relación y después de su boda, cuando todavía eran Príncipes de Asturias, Lanzarote se convirtió en uno de los lugares vinculados a sus escapadas privadas.

El príncipe Felipe y doña Letizia Ortiz posan con su hija, la princesa Leonor, en La Mareta a finales de 2005
El príncipe Felipe y doña Letizia Ortiz posan con su hija, la princesa Leonor, en La Mareta a finales de 2005

La residencia ofrecía precisamente lo que buscaban lejos de Mallorca: intimidad, tranquilidad y la posibilidad de disfrutar de unos días de vacaciones sin la agenda institucional que tradicionalmente acompaña a los veranos de la Familia Real en Marivent. Sin embargo, la pareja terminó dejando de escoger La Mareta como destino habitual. Con el paso de los años, sus vacaciones privadas se trasladaron a otros lugares que nunca han querido hacer públicos, mientras Mallorca quedó principalmente asociada a sus compromisos institucionales de verano.

La decisión también hizo que La Mareta pasara progresivamente de ser identificada con las vacaciones de la Familia Real a convertirse en una residencia utilizada sobre todo por presidentes del Gobierno y huéspedes institucionales. Pero para entender cómo llegó este singular enclave de Lanzarote a estar vinculado a la Corona española hay que remontarse varias décadas atrás.

La Mareta, un regalo del rey de Jordania a Juan Carlos I

La historia de La Mareta arranca lejos de España. Fue un encargo del rey Hussein de Jordania, que quiso levantar en la isla una residencia de descanso después de haber conocido Lanzarote. Fue concebido como una casa palacio junto al mar, sin embargo, el monarca hachemita nunca llegó a utilizarlo como refugio habitual. De hecho en 1989 se lo regaló al rey Juan Carlos I, un gesto diplomático que reforzaba la estrecha relación entre ambas casas reales. Desde entonces, La Mareta quedó incorporada al patrimonio estatal y pasó a formar parte de esa geografía menos visible de residencias al servicio de la Jefatura del Estado.

El rey Juan Carlos I y la reina Sofía posan, a las puertas de La Mareta, con los directivos de la Fundación César Manrique en una visita a las islas Canarias en el año 2005
El rey Juan Carlos I y la reina Sofía posan, a las puertas de La Mareta, con los directivos de la Fundación César Manrique en una visita a las islas Canarias en el año 2005 / Gtres

Así es La Mareta por dentro, el palacio de la Familia Real en Lanzarote

La construcción -de unos 2.000 metros cuadrados edificados dentro de una parcela mucho más amplia de casi 31.000 metros cuadrados, de los cuales 10.000 son espacios ajardinados-, está organizada en torno a un edificio principal y una serie de bungalós de una o dos plantas de altura. El complejo debe su nombre a la preexistencia de un aljibe excavado en el suelo, construcción tradicional conocida en la isla con ese nombre.

La Mareta, residencia oficial en Lanzarote para jefes de Estado y realeza
La Mareta, residencia oficial en Lanzarote para jefes de Estado y realeza / Gtres / LANZ

Se encuentra junto al litoral con una orientación sur y cuenta con acceso directo al mar, dos piscinas, helipuerto, zonas ajardinadas, biblioteca, áreas deportivas y medidas de seguridad. Al fin y al cabo, La Mareta fue pensada para recibir a autoridades de primer nivel, de ahí que conjugue intimidad, discreción y capacidad logística. En su interior se evitó la ornamentación excesiva, aunque sí se incorporaron comodidades propias de una residencia destinada a mandatarios y miembros de casas reales.

La construcción reinterpreta la arquitectura tradicional canaria: paredes blancas y techos planos, con remates de chimenea adornados con decoraciones en forma de cúpula. También presenta referencias de la arquitectura colonial que se aprecian en sus balcones o miradores de madera con carpinterías exteriores que contrastan por su color verde.

El triste recuerdo que alejó a la Familia Real de La Mareta

Como decíamos, por sus habitaciones han pasado líderes internacionales y nombres ligados a la política europea. El primer invitado de relieve fue Helmut Kohl, durante la cumbre hispano-alemana celebrada en Lanzarote en 1992, aunque entre sus visitantes internacionales también se cita a Mijaíl Gorbachov. En el ámbito español, José María Aznar utilizó la residencia en una ocasión, mientras que José Luis Rodríguez Zapatero y, más recientemente, Pedro Sánchez han contribuido a asociar La Mareta con las vacaciones presidenciales.

El presidente José Luis Rodríguez Zapatero junto a su mujer y unos amigos en La Mareta (Lanzarote) durante unas vacaciones en el verano de 2005
El presidente José Luis Rodríguez Zapatero junto a su mujer y unos amigos en La Mareta (Lanzarote) durante unas vacaciones en el verano de 2005 / Gtres / LANZ

La relación de la Familia Real española con La Mareta, sin embargo, ha sido mucho más intermitente. Don Juan Carlos y doña Sofía se alojaron allí en 1993, tras el fallecimiento de don Juan de Borbón. A finales de 1999, la familia real escogió el enclave para celebrar la Nochevieja, una estancia que quedó marcada por un triste episodio familiar: el fallecimiento de doña María de las Mercedes de Borbón y Orleans, madre del rey emérito Juan Carlos, el 2 de enero de 2000.

Después de aquel episodio, la presencia de los reyes se redujo de forma considerable. Don Felipe y doña Letizia, entonces Príncipes de Asturias, regresaron en diciembre de 2005 con la princesa Leonor, en unas vacaciones navideñas que fueron también el primer viaje familiar fuera de Madrid antes del bautizo de la primogénita. Desde entonces no existe constancia de que ningún miembro de la Familia Real haya vuelto a utilizar La Mareta de forma conjunta y habitual.

Cabe destacar que en 2015 Patrimonio Nacional cedió La Mareta al Ministerio de Industria, Energía y Turismo mediante un convenio que permitía su utilización “para la promoción y la defensa de los intereses turísticos de nuestro país”. “Por expreso deseo de su majestad el Rey”, explicaba el texto, “la Residencia Real de La Mareta estará al servicio de los intereses turísticos de España. Se podrá usar para el establecimiento o refuerzo de lazos bilaterales o multilaterales con otros países u organizaciones en materia turística”. Desde entonces, el Ministerio de Turismo gestiona su uso en colaboración con Patrimonio Nacional, aunque su ocupación sigue siendo puntual y vinculada a decisiones institucionales.

Por qué La Mareta no figura entre los Palacios Reales de España

La Mareta no es, por tanto, un palacio real al uso, sino una residencia oficial con una función muy concreta. Y esa distinción ayuda a entender por qué queda fuera de la lista de los Palacios Reales de España gestionados por Patrimonio Nacional. En total son siete, repartidos entre la capital y otras ciudades de la geografía nacional: el Palacio Real de Madrid, el Palacio Real de Aranjuez y el Palacio Real de El Pardo en la Comunidad de Madrid; el Palacio Real de La Granja de San Ildefonso y el Palacio Real de Riofrío en Segovia; el Palacio Real de la Almudaina en Mallorca y el Cuarto Alto de los Reales Alcázares de Sevilla.

La diferencia no es solo burocrática. Esos palacios forman parte del patrimonio histórico-artístico monumental vinculado a la Corona y, en muchos casos, están abiertos a visitas públicas, conservan colecciones, salones históricos y una función representativa muy definida. La Mareta, como ocurre con La Zarzuela, pertenece a otra categoría: la de las Residencias Reales u oficiales, espacios de uso institucional, residencial o protocolario, pero no catalogados dentro de ese listado de Palacios Reales visitables y gestionados como grandes conjuntos monumentales. Por eso, aunque La Mareta tenga historia real, huéspedes ilustres y una arquitectura singular, su lugar está en el mapa más discreto de los refugios de Estado: esos lugares que casi nunca protagonizan los posados, pero que explican otra parte de la vida y de los veranos de la Casa Real española.

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