Pilar Eyre, experta en Casa Real : “Franco jugó con Juan Carlos y Alfonso de Borbón como marionetas. No entiendo cómo fueron personas adultas equilibradas, con esa infancia, nadie puede estar bien de la cabeza”

Alfonso de Borbón, hijo del infante don Jaime y primo de Juan Carlos I, se vio a sí mismo como un posible rey para España. Una ilusión que el propio dictador alimentó

Un pulso entre primos. Una tensión vivida hasta el final y unas aspiraciones muy por encima de la realidad que acabó siendo. Cuando el dictador Francisco Franco designó a Juan Carlos I (88 años) como su sucesor, su primo hermano, Alfonso de Borbón, se vio humillado, y sintió que, en parte, habían jugado con él. No lo parecía. Era justamente lo que había sucedido.
El programa de La Sexta ‘Anatomía de’ analiza el particularismo caso de Luis Alfonso de Borbón, hijo de Alfonso y de Carmen Martínez Bordiú. Heredero por partida doble de dos linajes con un enorme peso, pero que, en lo efectivo, jamás se han traducido a nada concreto. Ni puede aspirar al trono de España, como pretendía su padre, ni tampoco al de Francia, como después trató en balde.

El hijo del infante sordo
Pero vayamos por partes. ¿Quién es Alfonso de Borbón? En el árbol genealógico de esta familia real, él es el hijo del infante don Jaime, hijo a su vez de Alfonso XIII y Victoria Eugenia. Recordemos que Alfonso, su hermano mayor, había nacido hemofílico y, en 1933, renunció a todos sus derechos dinásticos. Algo parecido a lo que Jaime tuvo que hacer frente.
Porque el segundo hijo de los reyes de España no tenía esta enfermedad en la sangre, pero era sordo. Cuando era niño, y debido a las constantes infecciones de oído que padecía, fue intervenido debido a una doble mastoiditis, que empeoró su condición y le dejó con una sordera muy acusada.
Debido a esta deficiencia auditiva, Alfonso XIII, lo mismo que obligó a su hijo Alfonso a renunciar, también lo hizo con Jaime. Algo de lo que, con los años, acabaría arrepintiéndose. Fue así como el título de heredero llegó, de la manera más insospechada de todas, hasta el infante don Juan, nada menos que el quinto hijo de Alfonso y Ena.

Don Juan, que jamás pensó en ser rey, sino en ser marino, se vio como nuevo heredero a la corona y acabó casándose con María de las Mercedes de Borbón y Orleans, junto a la que tuvo cuatro hijos: Pilar, Juan Carlos, Margarita y Alfonsito.
Por su parte, don Jaime se casó con Emanuela de Dampierre, junto a la que tuvo dos hijos, Alfonso y Gonzalo.
“Jugaba con ellos como si fueran marionetas”
Ya tenemos a todos los protagonistas sobre la mesa. Conocemos el vínculo familiar que une a Juan Carlos I y a su primo hermano Alfonso, pero nos queda saber el origen de esta rivalidad. Y para ello solo tenemos que señalar en dirección a un hombre: Francisco Franco.

“Alfonso tiene un lugar tan preponderante en la historia de los Borbones como Juan Carlos”, dice Pilar Eyre, experta en Casa Real. “De hecho, cualquiera de los dos podría haber sido rey de España. Y la rivalidad de ellos dos es una tragedia de Shakespeare de sobra conocida, pero que para mí tiene todos los ingredientes de una historia brutal que, durante años, figuró en las portadas de todos los periódicos”.
La periodista es una de las especialistas convocadas por el programa de investigación de La Sexta, puesto que lleva años escribiendo y atesorando información sobre nuestra Familia Real, y considera que Franco manejó muy bien sus hilos para provocar ese enfrentamiento entre primos. Una tensión hasta el final que pudo haberles llevado a la locura.

“Franco jugó con Juan Carlos y Alfonso de Borbón como marionetas. No entiendo cómo son personas adultas equilibradas, con esa infancia nadie puede estar bien de la cabeza”. Los caprichos del general le hacían ir dando tumbos en sus decisiones. A veces mostraba simpatía por uno, después por otro. Además, ambos poseían un perfil muy similar. Los dos habían nacido en Roma, durante el exilio de su familia de España, tan solo se llevaban dos años y habían crecido con muchos títulos, pero con poco ‘cash’. Los dos habrían hecho cualquier cosa para recobrar el lustre perdido por los suyos y regresar a su país convertidos, nada menos, que en príncipes de Asturias.

Era una carrera sin cuartel, pero cuando en 1969 Franco anunció que su heredero sería Juan Carlos, Alfonso se marcó un adelanto por la izquierda que nadie vio venir. Y es que empezó a salir, nada menos, que con Carmencita, la nieta favorita del dictador y de su mujer Carmen Polo.
Carmen Martínez Bordiú y Alfonso de Borbón se conocieron en Suiza, donde él estaba destinaado como embajador, y celebraron una boda por todo lo alto en El Pardo, la residencia de los Franco. Al ‘sí, quiero’; por supuesto, además del padre del novio, estuvieron invitados los primos hermanos de este, con Juan Carlos a la cabeza, al que le acompañó toda su familia.

Sin embargo, poco se pudo hacer. El general había tomado una decisión y se mantuvo fiel a la misma. Seis años después de aquel apoteósico enlace, Francisco Franco fallecía y Juan Carlos era entronizado como Juan Carlos I de España, nuevo jefe de Estado.
Aspirante al trono de Francia
¿Le bastó a Alfonso de Borbón aquella negativa? Absolutamente no. Entonces comenzó su nuevo plan para reclamar el trono de Francia, proclamándose como heredero natural de los Borbones franceses. Una cruzada de la que se hicieron eco los medios, pero que, realmente, nunca ha tenido mayor recorrido. Desde el año 1792 el país vecino está constituido como una república y no parece que la cosa vaya a cambiar a corto (ni a largo) plazo.

El 30 de enero de 1989 se precipitó el final de Alfonso. El aristócrata, que en su matrimonio con Carmen Martínez Bordiú fue padre de dos hijos, era un aficionado al esquí y ese invierno se encontraba pasando unas semanas en Las Montañas Rocosas, en Estados Unidos. Mientras practicaba su deporte favorito, acabó perdiendo la vida en un desafortunado accidente con un cable metálico que le segó la cabeza. Una verdadera tragedia, que obligó a su hijo Luis Alfonso a madurar de golpe.

Ahora es él, casado desde 2004 con Margarita Vargas, quien no solo reclama el trono de Francia, sino también toda la tradición y herencia de su abuelo. “Su padre tuvo opciones y la gente lo apoyaba. De haber reinado, el franquismo se habría alargado por los siglos de los siglos”, sentencia Eyre.




