Familia Real

“En el acto de celebración, posterior a la botadura, Sofía, con gran exquisitez, declinó el magnífico y costoso regalo”: la historia detrás de la foto

Ocurrió en febrero de 1975, tan solo unos meses antes de que doña Sofía dejara de ser princesa para convertirse en la reina consorte

Reina Sofía buque
GTRES

Valencia resplandecía aquel 15 de febrero. Era el año 1975, y España todavía andaba sumida en una larga dictadura, pero ya empezaba a vislumbrar ciertos aires de cambio y de apertura. Los entonces príncipes, Juan Carlos y Sofía, eran vistos con ojos de enorme esperanza e ilusión. Cada vez que realizaban una visita, eran celebrados en un estallido de alegría. Una prueba de ello se vivió ese día después de San Valentín.

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El 15 de febrero de 1975, antes de ser reina, doña Sofía amadrinó un buqueGTRES

La griega se presentó vistiendo de rojo. Nada de colores oscuros ni relacionados con el Mediterráneo ni con el mar. Rojo. La princesa iba a la moda, y, además, apostaba por una tonalidad que, durante las últimas décadas, había estado denostada en el armario de las señoras de jet-set. El rojo, tan vivo, tan pasional, pero también tan político, resultó tremendamente inoportuno entre los años 1939 y 1975. Cuando Sofía se presentó en el puerto levantino con semejante propuesta estilística, confirmó que todo estaba a punto de cambiar. 

Doña Sofía, madrina de un buque

Detalles como estos trazaban el dibujo de una pareja real completamente distinta a sus predecesores. Eran jóvenes, no tenían miedo a romper con viejos patrones del pasado y parecían dispuestos a abrazar políticas mucho más aperturistas que las que se habían llevado a cabo hasta entonces. 

Por lo tanto, que fuera doña Sofía la protagonista del acto y, no solo eso, que acudiera al mismo vestida de rojo, un color ‘casi vetado’ para las grandes damas, supuso un verdadero revulsivo aquel último invierno de dictadura franquista. El propósito de aquella jornada no era otro que conocer y amadrinar el buque Manuel Soto, que se iba a encargar de trasladar pasajeros entre la península y Canarias. Un gigante de hierro de más de dos mil toneladas y que estuvo en servicio hasta el año 2013, cuando acabó desguazado.

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Sofía representaba los nuevos aires de cambio que venían soplando fuerteGTRES

Pero aquel día, este olía a limpio y a materiales por estrenar. El buque iniciaba su andadura y lo hacía con el tradicional bautismo náutico. “El 15 de febrero de 1975 se procedió a su botadura en una ceremonia presidida por los Príncipes de España Don Juan Carlos de Borbón y Doña Sofía, quien amadrinó la ceremonia, lanzando la tradicional botella de vino contra la proa del buque, el cual resbaló majestuoso hacia el agua”, se lee en el libro corporativo del Centenario de Transmediterránea, la compañía que lo había mandado a construir. 

Rechazó el regalo que se le hizo

“En el acto de celebración, posterior a la botadura, la Princesa Sofía, con gran exquisitez, declinó el magnífico y costoso regalo que se le ofreció, y rogó al Presidente de la Compañía que su importe fuese depositado en la cuenta de la Institución Benéfica de la Compañía”. No quería regalos de ninguna clase. La madre de Felipe VI jamás ha sido una persona ostentosa. Ni lo fue en su niñez, cuando la comida más escaseaba, ni lo fue en su juventud y tampoco lo es ahora. Con un marcadísimo carácter filantrópico, siempre ha preferido que todos los agasajos que se vayan a tener con ella, sean dedicados a fines mejores, más solidarios. Y si estos tienen que ver con la música o con los animales, mejor. 

Rey Juan Catlos reina Sofia
Aquel día, a doña Sofía se la quiso agasajar con un carísimo regalo que ella declinóGTRES

Sí, aquella mujer de 37 años era muy diferente al resto de personalidades. Por eso resultaba tan magnética y esperanzadora. Con gestos como estos demostraba estar en una posición muy diferente a la de las otras damas; sus intereses y preocupaciones parecían más cercanos al bienestar del resto de españoles que al suyo propio. 

Aquella botonadura del barco era un ejemplo de los actos que empezaban a contar con los príncipes y no con el dictador y su mujer. Francisco Franco, cada vez más enfermo y con la agenda a mínimos, empezaba a dejar paso a la savia nueva. No obstante, él mismo había designado a Juan Carlos como su sucesor y no ni al marido de su nieta preferida, ni a ningún otro general. A su muerte, había dejado claro que se restauraría la monarquía después de más de cuarenta años sin reyes ni reinas en el país. 

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Franco había designado a Juan Carlos como su sustituto. Cuando él muriese, la monarquía quedaría restauradaGTRES

El matrimonio iba tomándole el pulso a sus futuras obligaciones. Asistían a numerosos actos y, si podían, como pasó ese febrero, lo hacían en pareja. Ambos compenetrados y comprometidos con sus funciones para con España, y Sofía adquiriendo un mayor protagonismo y presencia institucional que la que, durante décadas, había tenido Carmen Polo, esposa del militar. 

Que Sofía participara activamente en esta clase de eventos era determinante, puesto que ofrecía la imagen de una mujer profesional, que no solo vive a la sombra de su marido y entregada en casa a sus hijos, sino que tiene su propia voz dentro de la institución. Un perfil que se apuntaló, mucho más cuando, el 21 de noviembre, Sofía dejó de ser princesa para alzarse ya sí como reina.

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Sofía demostró que podía ser una estupenda reina consorte, profesional y, además, familiarGTRES

Francisco Franco falleció el 20 de noviembre de ese mismo año. Tan solo unos meses después del día en el que doña Sofía se vistió de rojo ante los ojos de todos. Cuando acudió a mostrar sus respetos ante el féretro del militar gallego, lo hizo vestida de negro. Pero, cuando unas horas más tarde Juan Carlos juró la Constitución y su cargo como rey de España ante las Cortes, lo hizo optando por un abrigo rosa fucsia. Muy español y muy torero, pero también, tremendamente rebelde y atrevido. Quedaba confirmado que, a partir de entonces, las cosas iban a cambiar. Y mucho.

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