María José Gómez Verdú, experta en protocolo, sobre la princesa Leonor: “Su seguridad no consiste en controlar cada gesto sino en dejar de tener miedo a mostrarse tal y como es”

La primogénita de los reyes ha dejado atrás los miedos para mostrarse mucho más segura y natural ante las cámaras

os veranos de la Familia Real en Mallorca son cada vez más impredecibles. Al margen de los actos oficiales que forman la agenda central de los reyes Felipe (58 años) y Letizia (53 años) en Palma como la Recepción en Marivent, la clausura del Atlántida Film Fest o la entrega de premios a los ganadores de la Copa del Rey de vela, es un misterio con qué nos sorprenderán los reyes y sus hijas cada año.

El de 2026 ha sido un verano atípico marcado por la actualidad social y política. Mallorca suele ser el escenario perfecto para ver a los miembros de la Familia Real en un ambiente más defenfadado, pero lo cierto es que sus salidas han sido limitadas y muy controladas. No obstante, si tenemos que destacar algo ha sido el papel de la princesa Leonor (20 años).
Leonor, la gran protagonista del verano real
Hemos visto a Leonor en tres ocasiones estas semanas y en todas ellas ha acaparado la atención por encima, incluso, de la reina Letizia. Su nueva imagen con una melena ondulada, su maleta de verano y su complicidad con su hermana, su madre y su abuela han generado titulares dentro y fuera de España.

La experta en protocolo María José Gómez Verdú ha analizado para Lecturas la evolución de Leonor cuando está a punto de dar comienzo a su etapa universitaria. “Cada vez la vemos más segura. Pero no solo en lo que respecta a sí misma, sino más cómoda dentro de su papel”, afirma.
Si echamos la vista atrás, durante su adolescendia llamaba la atención el extremo control que la joven tenía en cada aparición pública. “La veíamos extremadamente pendiente de sus movimientos, de su posición y de la presencia de las cámaras. Era lógico. Desde muy pequeña ha sabido que cualquier gesto podía ser analizado y convertido en noticia”, cuenta la experta.

Sin embargo, la madurez que ya tiene a punto de cumplir 21 años, ha cambiado de forma llamativa la manera en la que se presenta al mundo. Las cámaras siguen estando, pero parece que Leonor ya no necesita estar alerta todo el tiempo. “Puede reírse, hablar con su hermana, con sus padres, abrazar a su abuela… Puede hacer cualquier gesto sin que parezca que está calculando“, manifiesta.
Una transformación que empieza a dibujar su papel como futura Reina de España. “Bajo mi punto de vista, esa naturalidad es más importante que aprender a hacer perfectamente una reverencia o colocarse correctamente para una fotografía”, ha defendido Gómez Verdú. Y hace hincapié en que “la seguridad no consiste en controlar cada gesto sino en dejar de tener miedo a mostrarse tal y como es”.

Leonor protagoniza la imagen del verano real 2026
La Familia Real despedía su estancia en Mallorca este sábado 8 de agosto con su habitual salida gastronómica a Portixol. Un año más, los reyes Felipe y Letizia eligieron el restaurante Mia, una velada íntima y familiar a la que se unieron la reina Sofía y Jean Henri Fruchaud, viudo de Tatiana Radziwill.
Fue tras esta cera donde se produjo la imagen más inesperada de la jornada. Leonor seguía de cerca los pasos de su padre y su abuela cuando no dudó en abrazarla cuando creía que las cámaras no grababan. Un gesto inesperado que doña Sofía respondió con el mismo cariño.
De esto también ha hablado nuestra experta en protocolo. “No es una imagen institucional, no hay una pose evidente, no hay un protocolo que cumplir. Hay un gesto espontáneo entre una nieta y una abuela“, analizaba.

Aunque pueda parecer algo anecdótico, lo cierto es que ese sencillo y entrañable gesto tiene para la experta un valor especial. “No hay que convertir cada gesto en una declaración. Es mucho más sencillo y, precisamente por eso, mucho más poderoso. Vemos a una nieta abrazando a su abuela. Y vemos también a una Leonor que empieza a permitirse ser espontánea incluso cuando sabe que hay cámaras alrededor”, dice Gómez Verdú.
Y concluye: “Esta es una de las grandes transformaciones que estamos viendo en ella en los últimos meses. La niña que aprendió desde muy pronto a ser princesa está dando paso a una joven que empieza a descubrir cómo ser ella misma sin dejar de ser la heredera al trono”. Una madurez que será clave de cara al inminente comienzo de su etapa universitaria en Madrid.




