Lara Ferreiro, psicóloga: “La decisión de la Reina Letizia de mantener visibles las canas puede transmitir una sensación de control personal: madurez, autenticidad y cierta liberación”

“Su imagen cuestiona una expectativa que tenemos profundamente interiorizada”, afirma Lara Ferreiro a US

La aparición de las canas está inevitablemente ligada al paso del tiempo y cada mujer decide cómo desea enfrentarse a ellas. La Reina Letizia ha optado en los últimos tiempos por mostrar sus canas con naturalidad, una elección en sintonía con otras royals como Carolina de Mónaco. ¿Qué hay detrás de esta tendencia que cada vez adoptan más mujeres?
“Durante décadas, el mensaje dirigido a las mujeres ha contenido una curiosa contradicción: cumplir años es natural, pero que se note parece no serlo tanto. Arrugas, flacidez y canas se han convertido en señales que una enorme industria cosmética promete retrasar, disimular o eliminar”, subraya la psicóloga Lara Ferreiro en conversación con SEMANA.

Lara Ferreiro: “Llegada cierta edad, una persona puede sentir menos necesidad de responder a la exigencia de juventud permanente”
En el caso concreto de la mujer de Felipe VI, mantener las canas adquiere una especial relevancia, ya que aparecen en el marco de una imagen tan cuidada como observada. Para la experta este gesto puede ir ligado a una aceptación selectiva del envejecimiento. “Dejarse las canas también puede ser una decisión tremendamente controlada: no significa ‘dejarse estar’, sino decidir exactamente cómo quiere envejecer y qué señales del paso del tiempo quiere mostrar”.
Existen estudios que permiten hablar de las canas como una expresión de autenticidad, entre ellos, ‘Edadismo de género y canas: ¿deben las mujeres mayores elegir entre sentirse auténticas y parecer competentes?’. “En alguien cuya apariencia está constantemente analizada, las canas pueden funcionar como una señal visible de naturalidad”, asegura la autora del libro ‘¡Ni un capullo más!: El método definitivo para quererte y encontrar a tu pareja perfecta’.

Por tanto, puede ser entendido como una reivindicación de madurez y diferenciación frente al paso del tiempo. El cabello blanco se convierten así en un símbolo de experiencia, autoridad y seguridad. “Llegada cierta edad, una persona puede sentir menos necesidad de responder a la exigencia de juventud permanente y permitirse elementos que años atrás habría escondido”.
Para Lara Ferreiro, hay un concepto especialmente interesante que conviene poner en valor: la naturalidad estratégica. “Una persona puede proyectar naturalidad sin renunciar en absoluto al cuidado estético”. La psicóloga recuerda, además, que nuestra atención tiende a dirigirse hacia aquello que rompe con nuestras expectativas: “En una mujer cuya imagen pública ha estado asociada durante años a un enorme cuidado estético, encontrar algo que culturalmente estamos acostumbrados a eliminar puede llamar todavía más nuestra atención”.

La Reina Letizia, muy sonriente y con un vestido con motivos florales, durante un acto de agenda
Existe también una dimensión vinculada a la personalidad y esa autonomía que siempre ha definido a la Reina Letizia. “La imagen de una mujer que podría eliminar completamente las señales visibles de envejecimiento pero que conserva algunas de ellas puede transmitir la sensación de estar tomando decisiones según sus propios criterios y no exclusivamente en función de las expectativas externas”.
El locus de control: decidir sobre la propia imagen
Llegados a este punto, Lara Ferreiro introduce otro concepto interesante: el locus de control. “Cuando una persona siente que sus decisiones dependen principalmente de sus propios criterios hablamos de un mayor locus de control interno; cuando pesan demasiado las expectativas externas, el control parece estar fuera”.

“Mantener visibles las canas puede transmitir precisamente esa sensación de control personal”. La psicóloga hace hincapié en que una persona puede escuchar y tener en cuenta las opiniones sobre su aspecto sin permitir que sean estas las que determinen cómo decide mostrarse. “En alguien tan expuesto a la opinión pública, esa percepción de autonomía adquiere todavía más fuerza”.
En nuestra mente pueden convivir ideas aparentemente contradictorias, una dualidad que también se refleja en la forma en la que construimos nuestra propia imagen. “Queremos aceptar el envejecimiento y, al mismo tiempo, seguimos premiando que permanezca invisible. Decimos que envejecer es natural, pero continuamente buscamos que no se note. Lo mismo ocurre con las canas: sabemos que son una consecuencia natural del paso del tiempo, pero cuando aparecen en una mujer muy conocida se convierten en noticia”.

Una vez más, este gesto pone esa contradicción frente a nosotros. “Quizá por eso genera tanta conversación. No necesariamente porque ella pretenda provocar una reflexión, sino porque su imagen cuestiona una expectativa que tenemos profundamente interiorizada”.
Hay, además, un fuerte componente simbólico sobre este hecho al tratarse de una mujer que está sometida permanentemente al escrutinio público. “Dejar las canas visibles puede transmitir seguridad, madurez, autenticidad y cierta liberación de la obligación de aparentar juventud absoluta”, concluye Lara Ferreiro.




