María José Gómez Verdú, experta en protocolo, sobre el cumpleaños de la reina Letizia: “Con aciertos y controversia, ha construido una identidad que hoy resulta difícil separar de la monarquía española”

La reina Letizia cumple 54 años este 15 de septiembre. Analizamos las claves de su evolución de la mano de la experta en protocolo y realeza María José Gómez Verdú

Aunque nunca ha sido una fecha especialmente reseñable, institucionalmente hablando, este 15 de septiembre la reina Letizia cumple 54 años, motivo más que de sobra para hacer un repaso a su evolución de la mano de María José Gómez Verdú, experta en protocolo y realeza. Con la agenda completamente liberada, por primera vez en los últimos años, doña Letizia tendrá la oportunidad de celebrar su aniversario junto a sus dos hijas y su marido. Eso sí, tal y como acostumbran será en la más estricta intimidad de palacio o bien con un almuerzo privado en alguno de sus restaurantes favoritos de Madrid.

La reina Letizia cumple 54 años
Doña Letizia apenas contaba con 31 años cuando se presentó al mundo como la prometida del entonces príncipe de Asturias. Periodista de profesión, en sus primeras apariciones mostró su personalidad arrolladora y una curiosidad que todavía hoy llama la atención de los que tienen la oportunidad de conocerla. Lo dejó prácticamente todo por amor y aunque le costó adaptarse al férreo protocolo de palacio, hoy se ha convertido en un referente que traspasa nuestras fronteras.
La experta en protocolo y realeza ha hecho un análisis para Lecturas sobre el perfil de la Reina, un papel que va mucho más allá de su matrimonio con Felipe VI. “Su trayectoria en la Casa Real no puede entenderse únicamente desde el papel que asumió al casarse. Hay un proceso de adaptación, aprendizaje y construcción de una identidad institucional que ha terminado convirtiéndola en una de las figuras más relevantes de la monarquía española”, destaca.

Cuando Letizia llegó a la Familia Real, lo hizo desde un territorio “enemigo” para la Casa del Rey como era el periodismo. De hecho, cabe recordar que fue su profesión lo que generó cierto malestar con el rey Juan Carlos. Conocía de primera mano el funcionamiento de los medios, la exposición pública y la presión que supone estar bajo el escrutinio constante de la sociedad, pero paradójicamente, “esa experiencia que podía haber dificultado su integración en la institución terminó proporcionándole algunas de las herramientas que más tarde serían fundamentales para desempeñar su papel como Reina”.
De Letizia Ortiz a la reina Letizia: la evolución
Su evolución es más que evidente. La Letizia de los primeros años estaba todavía aprendiendo a desenvolverse, observando desde la distancia una institución con códigos y tradiciones muy definidos, pero con el tiempo, ha sido capaz de “construir una agenda propia y una manera reconocible de ejercer su papel como consorte”, desligándose por completo de esa posición de mero complemento.

La educación, la salud, la infancia, la cultura, la investigación o la igualdad han encontrado en ella un altavoz necesario que va más allá de la mera presencia protocolaria.
La clave de su papel como Reina
Para la experta, la clave del trabajo de doña Letizia está en “entender que una monarquía contemporánea necesita algo más que representación. Necesita conectar con las preocupaciones de la sociedad. Su trabajo institucional ha buscado precisamente ese espacio, intentando que determinadas causas y debates sociales tengan visibilidad desde la Corona”.

Una vida privada al margen de los focos
Doña Letizia ha sido (y sigue siendo) muy criticada. El punto que suscita más controversia es el hermetismo que existe en todo lo que envuelve a esa parcela privada de su vida. Para María José Gómez Verdú, esa gestión en una época en la que la frontera entre lo público y lo personal se ha vuelto cada vez más difusa, es todo un triunfo. “Muestra aquello que considera necesario para cumplir con su función, pero preserva al máximo aquello que pertenece a su intimidad y a la de su entorno”, subraya.
Aunque es algo que le encantaría, “no ha conseguido vivir al margen de la exposición, algo prácticamente imposible para una figura de su relevancia, sino que ha tratado de establecer límites”. Es un misterio donde veranean cada año o a qué dedican su tiempo libre al margen de sus habituales salidas al cine o a cenar.

“Esa capacidad para decidir qué se muestra y qué permanece fuera del foco forma parte también de su manera de ejercer el cargo”, recalca la experta. Doña Letizia está al mando y eso se nota. “En una sociedad dominada por la inmediatez, las redes sociales y la demanda constante de información personal, mantener determinados espacios de privacidad se ha convertido casi en una forma de poder”, analiza. Un dominio que, al menos por ahora, le pertenece.
El uso de los medios de comunicación
La experta apunta a que su experiencia como periodista ha sido “esencial” en su papel actual como Reina. En los últimos tiempos es habitual que los miembros de la Familia Real atiendan a los medios con naturalidad, algo que les acerca más si cabe a la sociedad. “Ha pasado de ser ‘la mujer de un príncipe’ a consolidarse como una reina con criterio y presencia propia”, afirma.
No obstante, “Letizia sabe que la exposición permanente no equivale necesariamente a una mayor legitimidad. Al contrario, en ocasiones, preservar cierta distancia puede reforzar la dimensión institucional de una figura pública”.
Su papel está irremediablemente ligado al Rey y por ende a la Corona pero reducir su relevancia a ese vínculo sería quedarse en la superficie. “Letizia ha construido, con aciertos y controversia, una identidad que hoy resulta difícil separar de la monarquía española”, asegura con convicción.

Guste o no, la transformación de doña Letizia afecta a la institución, y viceversa. Ya no se entiende la monarquía española sin su presencia a pesar de la llegada con paso firme de la princesa Leonor. Pero hay algo a lo que la consorte no va a renunciar: una vida personal alejada del foco mediático en la medida que se pueda.
Ahora está en juego esa necesidad de “adaptarse a una sociedad que exige mayor cercanía, transparencia y sensibilidad hacia sus problemas, pero que al mismo tiempo puede llegar a reclamar una exposición personal que no debería confundirse con transparencia institucional”. Y ahí radica una de las situaciones más difíciles de gestionar para la Reina, según Gómez Verdú. “Ser una de las mujeres más observadas e influyentes del país sin dejar de preservar una parcela de vida que considera propia”.




